+

Qué preocupa a lesbianas, gays y bisexuales

A las personas LGB las une una experiencia común: su forma de amar y su sexualidad todavía no son reconocidas en todas partes como algo incuestionable. Más allá de esto, son todas muy diferentes.

“Soy gay… ¡y eso está muy bien!” Es una frase muy sencilla. Pero es una frase conocida porque en ella se cristalizan tres virtudes de las minorías sexuales: la valentía, la voluntad de autoafirmarse y la alegría de vivir. Como es sabido, esta frase la pronunció Klaus Wowereit, poco antes de convertirse en alcalde de Berlín.

La vivencia que une a todas las personas LGB es que su forma de amar y su sexualidad no son consideradas una opción en todos los sitios. Se ven obligadas a plantearse si quieren reunir fuerzas para salir del armario y esperar que la gente reaccione bien. Repetidas veces durante su vida. “Para mí es el momento adecuado”, declaró Thomas Hitzlsperger, el primer (ex)jugador de fútbol de la selección alemana abiertamente gay, después de hacer pública su homosexualidad. Hitzlsperger abrió un profundo debate sobre la homofobia en el deporte.

Todas las personas LGB están marcadas por la experiencia de pertenecer a una minoría. A parte de esto, viven de formas tan variadas como las personas heterosexuales.

A las personas LGB con hijxs o con el deseo de tenerlxs les preocupan otros temas que a aquellas sin hijxs. Por ejemplo, las dificultades jurídicas para adoptar a lxs hijxs de su pareja o la cuestión de cómo lograr tener una criatura: “El obstáculo estaba claro: ¿dónde encontramos a un hombre?”, cuenta Folke, una madre lesbiana.

La djane turcoalemana DJ Ipek, de fama internacional, ha sufrido discriminación también por parte de otras personas LGB por ser lesbiana con identidad migrante. Por eso considera importante que hoy en día en Alemania existan asociaciones donde personas LGB y trans* con contextos culturales diferentes a la mayoría social puedan encontrarse: “Es algo muy bonito y todo un logro; antes no lo teníamos.”

Las personas LGB mayores, en cambio, reflexionan sobre cómo pueden seguir viviendo en la comunidad LGB en la vejez: “Reconozco que me gustaría vivir en un lugar donde hubiera más gays”, dice Kurt, jubilado. “Simplemente me sentiría mejor.” A las lesbianas Barbara, de 72 años, y Barbara, de 76 años, que son pareja, les gusta ir a un centro recreativo de Düsseldorf, visitado sobre todo por personas mayores heterosexuales: “Nos aceptan como somos, y ponemos la bandera del arcoíris sobre la mesa, y ya está”, cuentan.

También muchas personas bisexuales forman redes dentro de la comunidad LGB, pues ellas sufren formas específicas de discriminación. Por ejemplo, el prejuicio de que las personas bisexuales quieren sexo en todo momento y en todas partes, como explica Maddi, de 27 años.

Pero también las personas bisexuales tienen experiencias positivas. Las reacciones cuando salió del armario fueron “de lo más relajadas”, cuenta la youtuber JANAklar.