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Derecho a la integridad física: ¿también para personas intersexuales?

Para la mayoría de personas, poder decidir sobre su propio cuerpo y protegerlo de intervenciones médicas no deseadas es una obviedad. Para las personas intersexuales, sin embargo, a menudo no lo es tanto.

El derecho a la integridad física figura entre los derechos humanos más elementales. Pero cuando entran en juego concepciones normativas sobre la anatomía sexual, la vigencia de este derecho puede estar en riesgo. Y es que durante mucho tiempo estuvo muy extendida la creencia de que lxs niñxs solo pueden aspirar a una vida digna y a la integración social si sus genitales tienen el aspecto de un pene “típico” o de una vulva “típica” y si en su vida adulta pueden tener relaciones sexuales “normales”.

A lxs bebés, niñxs y jóvenes intersexuales, cuyos cuerpos no encajaban en estas normas, se les sometía frecuentemente –y presumiblemente sigue pasando todavía hoy– a operaciones y/o tratamientos hormonales para modificar sus órganos sexuales. Muchxs de ellxs sufren a causa de ello daños emocionales y físicos de por vida, que también pueden afectar a su fertilidad y a su sensibilidad sexual.

¿Tratamientos voluntarios?

Las personas intersexuales pueden, por supuesto, optar por deseo propio a un tratamiento para modificar sus características sexuales.

Sin embargo, las organizaciones inter* critican que hasta la fecha se solía considerar como “consentimiento” el consentimiento de los padres y las madres, la aceptación de la persona inter* expresada a posteriori o la aprobación bajo presión y sin la información suficiente.

Frente a estas prácticas, las organizaciones inter* reivindican el principio de “consentimiento previo, personal, libre y ampliamente informado”. Esto significa que el consentimiento debe darse antes de la intervención. No debe presionarse en ningún caso a la persona y esta debe disponer de toda la información sobre las posibles consecuencias de un tratamiento, así como sobre las alternativas, incluyendo también información sobre historias de vida más allá de las categorías hombre o mujer y más allá del cuerpo normativo. Y lxs niñxs que todavía no pueden dar su consentimiento solo pueden ser sometidxs a intervenciones para modificar su anatomía sexual si todas las otras opciones pueden hacer peligrar su vida.

Proteger mejor la autodeterminación

Entretanto, la postura médica frente a la intersexualidad también ha cambiado. Así, las directrices médicas vigentes recomiendan operar a lxs niñx inter* solamente en casos urgentes en que haya peligro para la vida e implicar en las decisiones a las personas afectadas ya desde la infancia.

Las organizaciones inter* y de derechos humanos, así como algunxs médicxs, denuncian sin embargo que aún siguen practicándose tratamientos de modificación de la anatomía sexual sin necesidad médica probada. Por eso exigen una prohibición expresa por ley a someter a niñxs a estas intervenciones, para que las personas intersexuales también disfruten del derecho a la integridad física sin limitaciones. Garantizar este derecho es tarea del nuevo gobierno federal, como ha manifestado en el contrato de coalición: “Vamos a estipular por ley que las intervenciones médicas de reasignación de sexo a niñxs solamente puedan llevarse a cabo en casos urgentes y para evitar poner en riesgo sus vidas.”

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